29/06/09

Iwo Jima capilar

"Cada pelo que pierdo, cada uno de los últimos cabellos, es un compañero que cae, y que antes de caer ha tenido nombre, o por lo menos número".

Sé de qué hablaba y qué sentía Eduardo Galeano en su relato "Yo, mutilado capilar". Mis primeras leves señales llegaron en 2003. Apenas les hice caso. La caída era lenta, aparentemente controlada, y convenientemente camuflada por una orgullosa maraña de rizos.

Pero amigos, la guerra se está empezando a decantar del lado enemigo. En el último año, el retroceso de las tropas ha ido en aumento. La visión de la bañera, después de una reconfortante ducha, o del cojín, después de una no menos placentera noche de sueño, es dantesca. Los pelos yacen como soldados caídos en Iwo Jima luego de una cruenta batalla. El recuento de víctimas (eso es, cuando limpio el cojín o la bañera) es sin duda la peor parte. Los solitarios pelos, unidos, forman una digna mata de pelo de la que nunca jamás se volverá a tener noticia.

Por otro lado, algunos pelos empiezan a metamorfosearse en canas, lo cual da origen a la extendida, falsa pero aún así aceptada leyenda siguiente: "Tranquilo, si te salen canas es señal de que no se te va a caer el pelo". Y la gente suelta tal mentira con el mismo aplomo con el que Paco Camps niega haber dicho de frente al espejo de la sastrería, mientras José Tomás enfilaba la aguja con destreza: "Just when I thought I was out...they (I mean the zaplanists) pull me back in". Sólo basta con ir a cualquier casino de pueblo y contemplar cuántos jugadores de truc están calvos en un 75% y conservan una resistencia canosa en minoría.

La opción más fiable que queda, dicen, es el rapado regular, al 1 o al 2, que teóricamente serviría para regenerar las raíces. Habrá que probar esa alternativa y empezar a borrar la imagen corporativa del Vicè rizado. No pronunciaré "alopecia", suena demasiado a derrota, pero siempre es mejor una retirada a tiempo que llamarse Iñaki Anasagasti y llevar la entrañable huida hacia adelante a la mismísima tribuna de oradores del Congreso de los Diputados.

26/06/09

La Cartuja, 1999

"Algún día esta victoria del Valencia también será nostalgia. En el humo de la memoria los niños, los adolescentes, los jóvenes valencianistas de hoy disolverán sus primeros amores, canciones, sensaciones de verano y la inmortalidad de sus cuerpos con los goles de Claudio López y Mendieta. Lejos en el pasado resonará el cañonazo de júbilo de esta final de Copa en la que el Valencia se alzó con el triunfo y sus imágenes se volverán amarillas, pero este instante de gloria en el futuro formará parte de la biografía sentimental de cualquier aficionado. Para eso sirven los héroes. Ellos sintetizan una pasión colectiva. En ellos reconocemos el yo superior de la tribu".
("La victoria será nostalgia", Manuel Vicent, El País, junio de 1999)


Hace justo 10 años que toda una generación de valencianistas, los sufridos niños del 86, supimos qué era ser campeones. Otras generaciones revivieron instantes hermosos de los que no tenían noticia desde Heysel y Kempes. En la Cartuja, en 1999, empezó una época dorada. El trabajo de Ranieri fue continuado de manera excelente por Cúper y Benítez. Llegó Saint Dennis y San Siro, las ligas de 2002 y 2004, Goteborg... Después no supimos asimilar que las cimas también son precipicios. Olvidamos qué es lo que nos hizo grandes y de manera obscena se quiso convertir al VCF en una especie de gran proyecto, como el de los barquitos y los cochecitos. Derroche, glamour, "si hace falta pagaremos de nuestro bolsillo a Cristiano Ronaldo". Se eligió a gente extraña al fútbol, y tremendamente torpe, como ejecutores de ese plan. El fútbol es sabio y nos puso en su sitio. El año pasado casi bajamos a Segunda. Hoy mismo nos asfixian las deudas. No hay imagen más nítida que la mole varada del Nuevo Mestalla para comprender la magnitud de la tragedia.

Pero hoy, diez años después, estamos más cerca de la catarsis. El recuerdo de aquel equipo humilde, gamberro y endiabladamente vertical es el mejor espejo para saber qué camino debe tomar el equipo en estos momentos tan inciertos para la institución. Correr, morder y pelear cada balón como si fuese el último. Broncos y coperos. El puto VCF de toda la vida.





"Si diez años después, te vuelvo a encontrar en algún lugar, no te olvides que soy, distinto de aquel, pero casi igual..." "Aquello fue un gran punto de partido, pero a la vez qué facil se te olvida" "Si 10 años después no estamos igual, qué le vas a hacer. Otros 10 años más, y luego a empezar, juntos otra vez".

Lúcido análisis de Andrés Calamaro...

25/06/09

Mandela


No errarán los pronósticos. Efectivamente, el domingo se enfrentarán Brasil y España... por el tercer y cuarto puesto. Creo fervientemente en el milagro sudafricano para el encuentro de esta noche en la Copa Confederaciones. Sobre todo, después de la visita que Nelson Mandela realizó a los "Bafana Bafana" ayer, en la víspera del encuentro. Un gesto muy parecido al que realizara en 1995, cuando por sorpresa visitó a la selección nacional de rugby antes de medirse en la gran final a Nueva Zelanda. Entonces, Mandela transmitió a los Springboks la fuerza y la fe que emana de su carisma, el mismo con el que engatusó a los despiadados gobernantes bóers en la transición hacia la desaparición del Apartheid y que tan bien nos contó Jhn Carlin en "El factor humano".

Ayer, a sus 91 años, anciano y débil, Mandela volvió a usar sus poderes. Uno a uno charló con todos los integrantes del combinado sudafricano y les dio su convencimiento de que serán capaces de derrotar a la todopoderosísima Brasil de Kaka. Los jugadores y el entrenador, Joel Santana, salieron del encuentro emocionados

"Se me ha puesto la piel de gallina porque Mandela es una persona sorprendentemente carismática y muy calmado. Su manera de hablar nos ha transmitido mucha paz", señaló Santana. Una sentencia calcada a la que confesaron los Springboks o los responsables del Apartheid.

El Nkosi Sikelele, cantado por los blancos que todavía desprecian el soccer y los negros que aún se aburren con el rugby, resonará hoy con más energia que nunca. El partido no deja de ser una metáfora de una meta maravillosa: la utópica Sudáfrica que ideó Mandela.

Brasil no sabe a qué se enfrenta.



pd: Lo normal es que gane Brasil 0-3, pero eso es lo de menos. Ya me entienden...

18/06/09

Tu volverás, por Lobo Diarte

Bar Torino nos da la pista de este espectacular y evocador video de aquel Valencia CF de salvajes y sentimentales melenudos de finales de los 70. Con todos ustedes, el Lobo Diarte y "Tu volverás".


El Lobo Diarte - Tú Volverás

06/06/09

Crónica de la ciudad de Valencia


Centro de Valencia.

De una peluquería caribeña salen cuatro jóvenes cubanos que se meten en un Mercedes. Un tanque antiguo e impecablemente conservado. Un quinto cubano sale a la calle y ocupa, con los brazos cruzados y gesto serio, el sitio dejado por el Mercedes, para evitar que cualquier otro coche aparque en esa privilegiada plaza. Marca el móvil y con acento habanero indica a su interlocutor que ha encontrado sitio, justo-delante-de-la-peluquería,-hermano.

En esas, hace su aparición en la misma calle una furgoneta conducida por un ciudadano chino, que no puede esconder su satisfacción por haber encontrado el enorme espacio vacío dejado por la ochentera cafetera germánica. Intermitente a la derecha y luz blanca de marcha atrás. El joven cubano no abandona su posición y muestra su disconformidad moviendo los brazos como aspas de molinos enfurecidos por un huracán. El conductor chino, al que se le calculan unos 40 años, hace caso omiso de las advertencias y sigue con la marcha atrás. El cubano golpea sonoramente, con la palma de su mano, el cristal trasero de la furgoneta y obliga al chino a frenar bruscamente.

El chino sale escopetado del coche y entonces se produce un intenso intercambio de improperios. "Pero qué haces tu, huevón?!?!?! Es que tu no ves no ves que no podías aparcar?!?!". El chino, yugular marcada, contraataca y en poco más de dos segundos, con una cadencia vertiginosa, suelta: "He encontrado yo el sitio, llevo dando vueltas más de medio hora buscando un sitio para aparcar!!!!". "Uuuh, es que ahora el señorito dice que está dando vueltas", prosigue el cubano, que mientras habla dirige miradas a la creciente concurrencia, como si todo formase parte de una representación. "Pues mi amigo, el que tiene que aparcar aquí, también está dando muchas vueltas, tu sabes".

La discusión eleva su volumen. Los dos damnificados hijos de mal llamadas revoluciones litigan a un palmo de distancia. El chino ha optado por su lengua madre, la mejor opción cuando uno quiere que los insultos broten espontáneos y directos. El cubano protesta, como si insultar en chino vulnerase las reglas de su frenética lid. Varios transeúntes se arremolinan y desde los balcones asoman cabezas curiosas. Un tímido "gorrilla" africano contempla la escena desde la esquina, renuncia a aspirar a la futura propina y explica a una ancianita local, que se le había dirigido en valenciano, los detalles de la trifulca.

Los coches que esperan detrás hacen sonar con insistencia el claxon y el chino se retira. Por fortuna la sangre no llegó al río. El cubano, acalorado, alardea de su victoria, los vecinos regresan a sus casas, y la normalidad vuelve a esa estrecha calle del centro capicasalí. Aparece el segundo coche cubano, un descolorido Twingo, que aparca sin dificultad. El cubano narra a su amigo, con exacerbada oratoria, el apasionado episodio del que acaba de ser protagonista.

Todo esto sucede mientras me tomaba una coca-cola en una terraza y mataba el tiempo para ir a un almuerzo. Reflexiono sobre las explosiones de vida de la convivencia multicultural y me imagino esa misma escena protagonizada entre italianos e irlandeses en algún arrabal portuario de NYC, a inicios del siglo XX. La contemporánea Valencia está en esa complicada pero apasionante etapa inicial.

02/06/09

Happy People Dancing on Planet Earth

Sfrazzera nos pone sobre la pista de la historia de este video:

"Un Informático se toma un año sabático para viajar por el mundo. Para tranquilizar a su familia empieza mandando pequeños vídeos de cada lugar por el que pasa haciendo un bailecito absurdo"

... Hasta que acaba montando una pequeña revolución allá por dónde pasa. Y basta sólo eso, marcarse un bailecito ridículo para darse cuenta de lo fácil que es contagiar la alegría en cualquier parte de este mundo cruel.

Where the Hell is Matt? (2008) from Matthew Harding on Vimeo.



Nota: No sé si será un montaje publicitario. No tiene pinta. Sí sé que le da mil patadas al soporífero y cursi (y a pesar de eso elogiado) vídeo que Guardiola preparó a sus jugadores minutos antes de la final de la Champions. La prueba está en los terribles diez minutos iniciales que jugó el Barça ante el United

28/05/09

Nostalgia de José Ángel De la Casa

"José Ángel de la Casa fue el último locutor con quien se podía convivir. Desde que se fue, impera la verborrea", Enric González

"Minuto 41 y sigue el empate a cero entre España y Brasil. La pelota es para Señor, Señor para Maceda, le presiona Sócrates, pase largo de Maceda hacia Míchel, le acompaña Carrasco, insiste España...".

Al fútbol televisado no es preciso añadirle tantas cosas. El narrador es un simple transmisor de meros apuntes informativos, escuetos y correctos, de alguna nota descriptiva, y sólo levanta la voz y muestra algo de euforia en el momento del gol... Así narraba el fútbol José Ángel De la Casa, tantas veces denostado y tan añorado en la actualidad, entre tanto protagonismo robado y vocerío histérico. Las imágenes y el sonido ambiente ofrecen la base de la información. Al telespectador sólo convendría decirle quién lleva la pelota, en qué minuto de partido estamos, quién calienta en la banda, que la policía efectúa una carga en algún lugar de la grada... El resto ya lo ve.

Cuando sucede algo extraordinario y fuera de lo común, el segundo gol de Maradona a los ingleses, el gol de Roberto al Madrid en el minuto 92 del año 92 o el duodécimo gol de Señor a los malteses... entonces sí está justificada la afonía y la voz entrecortada. ¡Y no hay que gritar cuando una pelota sale fuera de banda!. No olvidemos que un partido de fútbol, como la vida misma, es mecánica rutina, y que los momentos reales de felicidad y tristeza, los goles a favor o en contra, son muy pocos.

Las crónicas radiofónicas o escritas son diferentes. Antes de que todos los encuentros se televisaran, el locutor de radio debía hacer un esfuerzo para contagiar al oyente la emoción de un partido, adelantarle la posibilidad de una jugada de peligro, gritar con todas sus fuerzas un "uy" porque realmente esa pelota no había entrado por un palmo. Las crónicas de los periódicos, en la actualidad, ante la avalancha de resúmenes "on line" y en televisión antes de que el periódico en papel acompañe el primer café de la mañana, deben adaptarse a otra dimensión. No únicamente contar qué ha pasado en el encuentro, sino tratar de explicar por qué ha pasado, ofrecer al lector una reflexión. Algo tremendamente difícil de saber cuando se cierra la crónica en el mismo momento en el que acaba el encuentro. Pero no queda otra.

Volvamos a la tele. A la vocinglería de estos días se le añade otro mal, que empezó Tele5 en los 90 con aquel "volvemos en 7 segundos" (particularmente sangrante en la retransmisión del Karlsruher 7-VCF-0). El exceso publicitario. Antena 3 se ha pasado toda la Liga de Campeones castigando a su audiencia recordando constantemente qué coñazo de película iban a meter a continuación, tras el partido. Anoche se pasaron de rosca. Después de la consecución del triplete por parte del Barça (enhorabuena culers), se pasaron cinco largos minutos ofreciendo publicidad, volviendo torpemente al directo ("¡no tengo retorno!", gritó Luque), regresando de inmediato a los anuncios, marginando lo que pasaba en el césped en una diminuta ventanita. En ese momento, justo en ese momento, en el que no es preciso, ni siquiera, hablar. Basta con ver las imágenes de euforia de unos y la dolorosa estampa de otros. El implacable juicio del fútbol.

Este no es sólo un alegato de románticos del fútbol. Tiene incluso su lógica empresarial, si al final de la corrida todo esto se trata de recaudar pasta. ¿En qué momento, anoche, se congregaría más gente, alegre o decpecionada, delante de la tele? Pues en ese jodido momento sagrado.